lunes, 25 de febrero de 2008

Pa mojar pan

El otro dia estaba sentada en una terraza tomándome un café con mi marido y unos amigos y no pude evitar fijarme en la mesa de al lado. Había una familia de 5 miembros: el padre, la madre, dos hermanos de unos 15 años y Ella. La pongo en mayúsculas porque así era como ella se sentía, como una pequeña diosa, como el blanco del mundo. Ella tendría unos 18 años, ojos verdes, piel color marfil, impecable, impoluta; su melena rubia, ondulada, caia desprecupada y perfecta sobre unos hombros rectos, estrechos, hechos para lucir vestidos de ensueño. En su plato yacía una exigua ensalada de la que picoteaba con sumo cuidado: primero un minusculo trocito de lechuga que masticaba 5, 10, 15 veces. Luego, una viruta de tomate partida por la mitad con el cuchillo. El tenedor que introducía en su boca apenas mostraba comida. Cuando la brisa levantó algunos de sus cabellos ella los retiró de la barbilla con el dedo meñique, con sumo cuidado, despacio. No abrió la boca en todo el almuerzo, a pesar de que sus hermanos bromeaban y hablaban ruidosamente. Era como si ella no estuviese allí, solo su cuerpo. Un cuerpo sin alma.

Las ves y piensas que no son de este mundo. Esos cuerpos tan perfectos, tan estilizados, esas piernas largas, esos vientres planos, esos muslos sin un atisbo de celulitis. Y encima tienen unas tetas enormes. Y digo yo: ¿cómos lograrán sujetar esas tetas con semejantes piernas de palillo?

No me parecen normales. Pienso en cuántas comidas harán al dia, cuantos bocados exquisitos dejarán de probar, a cuántas maravillas culinarias renunciarán. Me las imagino todo el dia únicamente pendientes de lo que comen: "Uy, eso no, que engorda", "Uys ¿azúcar? no!" dicen mientars te miran como si hubieras dicho una estupidez. Además supongo que tendrán que machacarse a diario en un gimnasio horas y horas seguidas. Quiero decir que no son como cualquiera de nosotras, que vamos 1 hora a toda prisa, hacemos la tabla de rigor y a correr. A correr pa casa o a recoger a los churumbeles, digo.

Pero ellas no.

Me las imagino comprando toda clase de cremas caras carisimas de la muerte para aparecer cada mañana un poco más joven, un poco menos vieja, un poco menos gorda. Y se darán masajes, y tratamientos, y ......

Las diosas de cuerpo escultural deben dormir, comer, respirar y vivir pendientes de su cuerpo. Triste ¿no?

Y no me refiero solo a las mujeres que viven de su cuerpo en la televisión, las ves a diario por la calle. Las ves con las manos llenas de cosméticos en las perfumerías, las ves cargadas de perchas en las tiendas de ropa. Las ves por la calle y piensas: pero ¿de donde sale?

No sé qué pensaréis vosotros pero, para mí, comer es un placer. Saborear un plato exquisito regado con un buen vino es uno de los placeres de este mundo al que no pienso renunciar.

Yo no tengo el cuerpo de la Campbell. Y de eso tiene mucha culpa mi madre, que me acostumbró a la buena comida porque cocina como los ángeles. Ya quisiera Lucio hacer una tortilla de patatas como la que hace mi madre, pura exquisitez, en serio.

Y claro, quien dice tortilla dice unas buenas alubias con chorizo, unos langostinos, un buen jamón (ibérico por supuesto) o unas buenas tostas de foie al pedro Ximénez.

Y así me va, que estoy redondita, que me sobran unos kilitos y que tengo celulitis. Pero qué queréis que os diga, que he decidido que estoy como un queso, que estoy buenisima y que más quisieran estas escobas andantes tener la mitad del peso de mi cerebro.

Me gustan las mujeres terrenas, imperfectas, con sus caderas amplias y acogedoras, con sus pechos abundantes de buen yantar. Me gustan las mujeres a las que la risa les brota del estómago, del mismo sitio a donde van a parar los mejores manjares sin atisbo de culpa.

Me gustan las mujeres que están pa mojar pan.

6 comentarios:

Eva dijo...

Un día estaba con una de estas de cuerpo sin alma como tú las llamas. Compré una chocolatina porque me apetecía y le ofrecí un trozo. Lo rechazó, como era de esperar. Según ella comía muchísimo chocolate, bollos y demás. Después me enteré de que sí, de que comía chocolate, pero de vez en cuando y sólo una pequeña porción, cuando se sentía mareada antes de que le diera una lipotimia.
No puedo negar que yo he sido de las de los regímenes de los lunes, de las que se miraba la tripa en el espejo, de las que paso depre post-parto, pero no por la recien maternidad, sino por las mollejas que no se iban ni a la de tres.
Ahora, la única dieta que hago es la del cucurucho.
Qué tengo culo? me da igual. Qué tengo caderas? paso. Yo me siento bien siendo como soy, y además, no nos engañemos, tener a alguien al lado que te mira con esos ojos cada mañana cuando sales de la ducha, como que levanta el ánimo a cualquiera.
Que estamos buenísimas, nena, y a quien no le guste, que no mire.

Ada dijo...

No sé, pero yo creo que el cuerpo está sobrevalorado en esta sociedad. Y el cerebro ¿qué pasa? ¿a nadie le importa tener un cerebro minúsculo en un cuerpo escultural?

Eva dijo...

Date cuenta de que cuanto más pequeño sea, menos pesa.

Ada dijo...

:) Elemental.

Hache dijo...

Hace años coincidí en un restaurante de Ibiza con una modelo famosa, da igual el nombre. Se puso a jugar con mi hijo y por eso nos fijamos más. El caso es que en ese sitio cocinaban las mejores paella de la isla. Estaba todo buenísimo. Ella compartía mesa con otras dos personas que se pusieron moradas de paella, postre y vino. Ella comió una rodaja de piña y agua mineral.

Sentí entonces una pena por ella ...

Y sí, se le da demasiada importancia. Por suerte, hay muchas mentes abiertas y estupendas, sin estrías ni sobre peso .. perfectas. Esas si son perfectas. Y yo, cada vez me rodeo de más. Y es un lujo.

Quebienmesuenatunombre dijo...

Hola. Imagino que hablas de la hija de aquel matrimonio de la mesa colateral. Una niña de dieciocho años. No es ya una adolescente, donde se comienza a llenar la cabeza de tonterias. Pero si, aún quedan muchas en una cabeza de dieciocho. Es una pena que, a esa edad en la que la madre naturaleza colma a las mujeres con sus mejores dotes físicos, una niña intente creerse que, es necesario llevar una dieta a lo Naomi Campbel. Pero lo terrible, es que, cuando esa niña deje la edad que tiene, cumpla los treinta y ya sea una señora, olvide completamente, que como mínimo, no por estética, sino por salud, hay que cuidarse, en la dieta, en el ejercicio, con moderación, por supuesto, sin ser una obsesa delm cuerpo, pero hay que cuidarse minimamente. Ojalá que, esa niña, cuando pasen los años, conserve una mínima consciencia de que hay que cuidarse. No por estética, sino por salud. Un saludo. Me gusta tu blogge.