martes, 26 de febrero de 2008

Lo que de verdad importa

Vengo de tomar café con las amigas del cole. Primero caminamos al menos una hora a buen paso, luego solemos sentarnos en una terraza a tomar un tentempié. Me gusta hacer esto al menos un par de veces en semana porque me desestresa, me viene muy bien caminar y charlar, quejarme, hacer terapia con mis semejantes.

A todos nos gusta quejarnos de vez en cuando. De lo mal que está la vida, de lo caro que resulta todo, de los pequeños problemas conyugales, de que los hijos dan mucho trabajo. Las amas de casa se quejan de lo duro que resulta ser ama de casa, y las que trabajan fuera de casa se quejan de lo duro que resulta trabajar fuera de casa. Nos quejamos de lo mal que tenemos el pelo, de lo gordas que estamos, de lo cansadas que andamos, del ultimo malentendido con nuestra amiga, de que el ultimo modelito que compramos no no sienta todo lo bien que esperábamos.... nos quejamos de mil cosas superfluas.

Hoy me he encontrado con la mamá de Pablo, un compañero de clase de mi hija de 7 años.

A simple vista Pablo es un niño normal como otro cualquiera, más risueño, más simpático y más cariñoso que la media, pero por lo demás un niño normal. Pero a poco que te acercas y ves que lleva unas férulas en las piernas y unas ojeras nada habituales en un niño tan pequeño, comprendes que no todo es de color de rosa.

Y es que Pablo nació con espina bífida, los médicos no daban un duro por él: no andaría, no hablaría.

Pero ahí está Pablo, hecho un auténtico campeón de la vida, fuerte, luchador, con esa eterna sonrisa en los labios, con ese abrazo entrañable que nos damos cada mañana al entrar en el cole. Mi hija le quiere mucho, le quiere porque es un niño optimista como pocos, porque es un niño sencillamente FELIZ.

Ha andado contra todo pronóstico, porque él ha querido. Ha hablado, porque él ha querido.

Hoy su madre me contaba que dentro de unos dias irán a su revisión anual. "Nos levantamos cada dia como si nos lo mereciéramos todo, sin dar importancia a lo que tenemos, sin dar gracias por estar vivos. Sin embargo yo no supe lo difícil que resultaba el simple hecho de caminar hasta que tuve que ayudarle a él. Sigo adelante gracias a su fuerza, sin ella, hace mucho tiempo que yo estaría hundida. Él me hace seguir adelante."

Dentro de una semana sé que su madre vendrá radiante porque Pablo ha seguido mejorando, sólo hay que verle la cara.

Está bien que de vez en cuando alguien nos dedique una buena bofetada de realidad con lo que de verdad importa.

Me dan ganas de cantar aquello de Mercedes Sousa que decía...

"Gracias a la Vida,
Que me ha dado tanto..."

8 comentarios:

Eva dijo...

Y merecemos que nos den esa hostia bien dada de vez en cuando. Bonito relato, Ada, has hecho que me emocione y sonría por Pablo. Es increible como personas tan diminutas pueden ser tan inmensas.

Eva dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Eva dijo...
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Sonia dijo...

Que voy a decir. Que tienes razón, que me parecia que estabas hablando de mi grupo de madres con las que tomamos café y echamos unas risas. Que me ha dado un vuelco el corazón cuando has hablado de un Pablo con férulas.
Que las cosas importantes, deberíamos tenerlas apuntadas en la puerta de la nevera con el imán.
Un beso

Eva dijo...

La madre que te parío. Pues no va y lo pone???

Ada dijo...

Pero que lo he borradoooo!! aysh, lo siento, todavía no me manejo bien con estos botones....ea ya tá, no se me enfade usté.

Ada dijo...

Sonia: no sé a qué te refieres exactamente guapa cuando dices que te da un vuelco el corazón. Espero no haberte herido o molestado con mis palabras.

Sonia dijo...

Significa que me conmoviste, porque conozco a un níño con ese nombre y por un momento pensé que hablabas de él. Buen post.
Un saludo